viernes, 1 de mayo de 2015

Sir Charles Warren.-




Algunos años antes de los asesinatos cometidos por Jack The Ripper, en algunas zonas de Inglaterra se vivía un constante clima de tensión social, que llevaría a la población desempleada de las zonas más humildes de Londres a realizar diversos tipos de manifestaciones en busca de empleo y mejoras sociales. En el año 1886, con el fin de aplacar la disconformidad de la población, la Reina Victoria decidió designar a Sir Charles Warren como comisario de la Policía Metropolitana, un militar que en ese momento ejercía sus funciones en Egipto al mando de los Ingenieros reales de Suakin. Cuando este asumió el cargo, la primera medida que adopto fue reestructurar las fuerzas policiales al punto de que los puestos más decisivos y relevantes de dicho organismo, fueron ocupados en su gran mayoría por otros militares. El principal efecto de la “militarización” en la estructura policial fue reprimir de manera sistemática cualquier protesta o intento de alzamiento por parte de la población y el ejemplo mas claro tuvo lugar el 13 de noviembre de 1887, cuando Sir Charles Warren ordeno reprimir una manifestación de desempleados en Trafalgar Square, con tal grado de violencia, que el resultado de dicha medida arrojo más de doscientos heridos y algún muerto. El “domingo sangriento”, despertó en la clase obrera londinense un odio radical contra Sir Warren y las fuerzas policiales, que subsistió por muchos años. Durante el año 1888, a raíz de la serie de asesinatos de prostitutas consumados en Whitechapel, la prensa escrita de Londres, acompaño aquel sentimiento negativo de la población, adoptando una posición critica con la Policía Metropolitana, al punto que a través de distintas notas periodísticas, mas de una vez se puso en tela de juicio la presunta capacidad de Sir Warren, no solo para resolver los horribles crímenes del destripador, sino también para seguir al mando de la fuerza publica londinense. Los objetivos que tuvo en mira la Reina Victoria, al momento de designar a Sir Warren en el cargo, con el transcurso del tiempo no solo no fueron alcanzados, sino todo lo contrario: la imagen de la policía sufrió un deterioro tan profundo, que no es de extrañar que cualquier asesino, se creyera con potestades suficientes, para hacer lo que se le diera la gana en una zona tan precaria como Whitechapel.-